Municipio de El Puerto de Santa María - Parque Natural Bahía de Cádiz.
SenderismoSituaciónEn la urbanización de la playa de Valdelagrana nos dirigimos a la venta El Mocka. A unos 500 mentros de allí está el inicio.
Dificultad: Baja
Recorrido5,2 km. Trayecto Lineal
Duración:2 horas
Descripción
A pie o en bicicleta, este sendero por el Parque Metropolitano Marisma de los Toruños nos permite conocer, durante los algo más de cinco kilómetros de su recorrido, las marismas mejor conservadas de todo el espacio natural protegido. El río San Pedro lleva sus aguas hasta la playa de Levante. En su recorrido, alimenta con multitud caños a estas marismas, en las que podremos comprobar como la conservación de la naturaleza no está, en absoluto, reñida con el uso público y disfrute de las poblaciones vecinas.
Comenzaremos en la urbanización de Valdelagrana, por la entrada del llamado camino de la playa. En el acceso al sendero encontramos una cancela y un panel explicativo del mismo. El primer tramo del sendero discurre por una pista asfaltada, en cuyas márgenes se han instalado diversas infraestructuras deportivas como espalderas y barras fijas.
Acabado el asfalto, a nuestra izquierda discurre el río San Pedro. En la otra orilla, podemos ver las salinas de los Desamparados, mientras se alternan las marismas con pequeñas zonas de dunas. En las marismas las aguas dulces y saladas se mezclan, y las criaturas de unas y otras también. La productividad biológica en ellas es de las más altas del Planeta. Constituyen, además, hábitats indispensables para la reproducción de numerosas aves y especies marítimas: correlimo, chorlitejo, aguja, andarrío, archibebe, chorlito, zarapito, ostrero, avoceta, cigüeñuela, gaviota y un largo etcétera. Entre los invertebrados que habitan el lugar destacan el camarón, cangrejo, verdigón y perrillo.

Pasado el Caño del Bote, parte un ramal que es el primero de los tres accesos que encontraremos hacia la Playa de Levante. Seguiremos siempre recto hasta superar los dos primeros. Llegados al tercero, una pasarela nos lleva hasta un gran puente de madera que cruza el río San Pedro y comunica con el Pinar de la Algaida. La zona en la que nos encontramos es conocida como el Coto de los Saboneses. Siguiendo el carril, cruzamos un puente de madera sobre el Caño del Caserón. A lo lejos, una torre mirador de madera, dirige nuestros pasos.

Este equipamiento nos permite contemplar Cádiz, Puerto Real y el Pinar de la Algaida desde una posición privilegiada. A la derecha parte un carril hasta la Playa de Levante, sin embargo, caminaremos sobre una pasarela flotante en dirección a un mirador con vistas a Los Toruños [6]. Es éste el final del sendero, con la marismas a la izquierda, la desembocadura del río San Pedro y la Punta de Saboneses. La vuelta la haremos por el mismo carril que hemos tomado para llegar hasta aquí. En las cercanías tenemos el sendero del Pinar de la Algaida-Salina de los Desamparados, ruta a la que podemos acceder desde el puente de madera.

Fuente: Consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía
Municipio de Puerto Real - Parque Natural Bahía de Cádiz.
SenderismoSituaciónDesde Puerto Real, dirigirse al campus universitario y junto a la facultad de Ciencias se inicia el sendero (entrada sur del Parque Metropolitano Marisma de los Toruños y Pinar de La Algaida).
Dificultad: Baja
Recorrido6,1 km. Trayecto Lineal
Duración:2 horas
DescripciónDos son los ecosistemas de marcado contraste que recorre este sendero: el magnífico pinar de La Algaida, y las marismas y Salinas Los Desamparados. Descubriremos uno de los recursos tradicionales proporcionados por este bosque de pinos piñoreros, asentado en tierra firme; y una curiosa manera de cosechar la mar, las salinas, reconvertidas en muchos casos en explotaciones de cultivos marinos. El territorio fronterizo entre tierra y mar resulta aquí accesible gracias a una infraestructura pensada para el uso público.
Comenzaremos en la puerta de acceso al Parque Metropolitano Marisma de Los Toruños y Pinar de la Algaida, próxima al campus universitario de Puerto Real, que nos introduce en una interesantísima combinación de ecosistemas que favorecen la existencia de un gran número de animales y plantas. El sendero es realmente un carril por el que no está permitido el tránsito de vehículos siendo una ruta perfecta para realizar en bicicleta de montaña. Tras rebasar los límites del campus universitario, un panel nos informará sobre las lagunas temporales, encharcamientos de suelos de arcillas impermeables, en época de lluvia.
Entre pinos piñoneros y el sotobosque asociado a él (lentisco, aulaga, sabina y retama), pasamos por un circuito deportivo, con espalderas y barras fijas, y algunos bancos y mesas de madera, hasta encontrarnos con un cruce.
A la izquierda llegaremos a una torre mirador, con vistas sobre el propio pinar, el río San Pedro y las marismas. También vemos el puente de madera que cruza el río y que enlaza con el sendero de Los Toruños. De vuelta al cruce anterior, seguimos hacia al norte hasta el final del pinar y encontrarnos con un paisaje distinto: las marismas. Un panel explicativo sobre las mismas antecede a una pasarela que nos acerca al borde del parque con la autovía (CA-32), dique que contiene la subida de alguno de los caños que alimentaban a las Salinas Los Desamparados.

El recorrido pasa de la salinas tradicionales, abandonadas, a las balsas de una explotación más industrializada, pero cuyo fundamento es el mismo. Durante el trayecto podremos encontrarnos con aves como correlimos, chorlitejo, aguja, andarrío, archibebe, zarapito, avoceta, cigüeñuela, varias especies de gaviotas, garza, cigüeña, espátula, así como el flamenco; junto a una vegetación altamente especializada y distribuida según la inundabilidad y la salinidad de los suelos: sapina, salado, espartina, etc.
Varios paneles explicativos nos aportan información sobre diferentes aspectos relacionados con el río, la acuicultura y las propias salinas. El sendero, que ha transcurrido hasta ahora junto al río San Pedro a nuestra izquierda, busca un puente por el margen de la autovía, para atravesar el río y finalizar frente a una venta en el borde del parque metropolitano, al que podremos acceder desde la avenida del Mar, en Valdelagrana.
Fuente: Consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía
Municipio de San Fernando - Parque Natural Bahía de Cádiz.
SenderismoSituaciónDesde San Fernando tomar la carretera a la playa de Camposoto. Al final de la carretera comienza el sendero.
Dificultad: Baja
Recorrido2,6 km. Trayecto Lineal
Duración:45 minutos
DescripciónA lo largo de este cómodo paseo por la playa del Castillo descubriremos que andamos por el extremo de una barra arenosa, la Punta del Boquerón. A un lado tendremos el caño de Sancti-Petri, una de las áreas de marisma mejor conservadas del Parque. Al otro la playa y junto a ella una zona sumergida o no, en función de las mareas. Más hacia el interior, las dunas, las acumulaciones de arena por efecto del viento.
A través de este sendero conoceremos dos ecosistemas muy diferentes entre sí pero que conviven en estrecho contacto: las dunas y las marismas. La Punta del Boquerón, declarada Monumento Natural, la batería Urrutia y el cercano castillo de Sancti Petri, ambos considerados bienes de interés cultural, son atractivos suficientes para recorrer estos dos kilómetros y medio por su cómoda pasarela o por su huella perfectamente marcada en las arenas.
Nuestro recorrido comienza en el final de la carretera de la playa de Camposto, en San Fernando. Una vez pasado el puente de acceso a la playa, seguiremos la pasarela de madera, lo que nos permite avanzar con rapidez sobre la arena. A nuestra derecha se desarrollan amplios sistemas dunares, en buen estado de conservación, sobre los que crecen la retama blanca y el barrón, especies adaptadas a suelos arenosos gracias a sus largas raíces.
Los sistemas dunares, fundamentales para el equilibrio de estos ecosistemas, actúan como reservas para rellenar las playas de arena cuando los temporales las erosionan en invierno. A nuestra izquierda, vemos cómo la marisma se ha adueñado de las antiguas salinas abandonadas. Es éste un espacio intermedio entre la tierra y el mar donde predomina un paisaje horizontal, plano, dependiente de la dinámica de las mareas, pero rebosante de vida.
En las marismas del cercano caño de Sancti Petri es fácil observar flamencos, garzas y una gran variedad de aves limícolas como correlimos, chorlitejos, agujas, andarríos, archibebes, chorlitos, zarapitos, ostreros, avocetas, cigüeñuelas, etc. La distribución de la vegetación depende del grado de inundación de los suelos, y sus estrategias de adaptación a condiciones extremas como elevada salinidad, alto grado de insolación y fuertes vientos.
Algo mas allá de la marisma, vemos el mayor caño de la bahía de Cádiz, el de Sancti Petri, que separa a Cádiz del resto del continente. La pasarela aparece intermitentemente entre un sendero muy marcado en la arena. Tras una curva, el sendero asciende unos metros y encontramos un panel en un pequeño mirador, que nos habla de la historia del Castillo de Sancti-Petri.

Foto1: Punta del Boquerón por Jesús Fernandez García - Foto2: Castillo de Sancti Petri por Carlos Alejo
Siguiendo el camino, nos volvemos a alejar de la costa para adentrarnos en las dunas. En poco tiempo llegamos a unas ruinas. Se trata de la batería de Urrutia, cuya arquitectura se encuentra abandonada y envuelta en la maleza. La batería se encargaba de la defensa de este importante punto estratégico. Fue construida durante el siglo XVIII para defender la entrada a San Fernando desde el mar por el caño de Sancti Petri, junto a un rosario de baterías que se extienden a lo largo de todo el caño.
Aquí termina nuestro sendero. Frente a nosotros, al otro lado del río, vemos Sancti-Petri, antiguo poblado almadrabero, con su pequeño puerto rebosante de embarcaciones, ahora deportivas casi todas. Podemos volver por el mismo camino, o bordear el extremo de la Punta del Boquerón para recorrer la playa por una ruta no señalizada, como ha sido hasta ahora.
Fuente: Consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía
Municipio de Cádiz - Parque Natural Bahía de Cádiz.
SenderismoSituaciónDesde San Fernando tomar el carril que parte cerca del centro comercial Bahía Sur, en dirección a la estación de aguas residuales. Pasado el río Arillo girar a la derecha donde aparece un cartel de inicio.
Dificultad: Baja
Recorrido3,1 km. Trayecto Lineal
Duración:1 hora y 30 minutos
DescripciónBordeando el saco interior de la Bahía, desde este sendero se obtiene una visión privilegiada de este entorno geográfico. Extensas planicies fangosas intermareales en las que se alimentan cientos de aves y la antigua Salina Dolores con su Casa Salinera, compuertas tradicionales y sus laberintos de agua permiten al visitante acercarse al paisaje más característico de este Parque Natural.
El río Arillo y su encuentro con la Bahía de Cádiz dibujan un recorrido llano de poco más de tres kilómetros, que nos acerca a las antiguas explotaciones salineras, hoy convertidas en vivero de abundantes especies. Numerosas aves acuáticas, que podremos contemplar tranquilamente en los miradores habilitados al efecto, nos acompañarán a lo largo de este sendero que nos ofrece, desde el sur, una panorámica de la bahía, antes de abrirse al océano definitivamente.
Accedemos a nuestro sendero desde el carril cercano al centro comercial Bahía Sur que conduce a la Estación de Aguas Residuales de Cádiz y San Fernando, hasta encontrar un cartel indicativo en su inicio. Al otro lado de la pista, de las vías y de la autovía, se localiza el antiguo molino mareal del río Arillo. Una vez atravesada la cancela, seguiremos por el carril que discurre paralelo al mal llamado río Arillo, hoy reducido a un caño de marisma que nos adentra en la bahía hasta llegar a un observatorio, desde el que no será difícil descubrir correlimos, chorlitejos, archibebes, agujas u ostreros.
El camino bordea las antiguas salinas, permitiéndonos ver las compuertas para el vaciado y llenado de esteros, especie de estanques adaptados a la fisonomía del terreno, y hoy convertidos en un auténtico vivero de la fauna acuática. Rodeada de caños y esteros, vemos, a lo lejos, la fachada norte de la casa salinera Ventorrillo Dolores, que luego podremos observar desde más cerca. Una serie de paneles nos explican el interés que la conservación de este espacio supone para las numerosas aves acuáticas, que podremos avistar a nuestro paso, así como de las características de esta vegetación, adaptadas a las condiciones extremas de sal y a la continua subida y bajada de las mareas.
Poco a poco, nos aproximamos a una torre observatorio que veníamos viendo desde lejos. Una pasarela nos permite visitarla y conocer, mediante un nuevo panel instalado en su base, el denominado saco interior de la bahía, y los elementos paisajísticos más relevantes: Cádiz, el puente de José León de Carranza, las monumentales torres eléctricas, Matagorda con sus grandes grúas, Puerto Real y San Fernando (en cuya silueta destaca la cúpula del Real Observatorio Astronómico de la Marina).

Salinas del rio Arillo por Guillermo Moratalla
Reemprendida la marcha, observaremos, a nuestra izquierda, los cultivos de moluscos sobre palos clavados en el fango. Si queremos unas vistas más cercanas de la casa salinera, conectaremos de nuevo con el carril de acceso a la estación depuradora, hacia el este, a nuestra izquierda, para llegar al punto donde iniciamos el sendero.
Fuente: Consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía
Municipio de Chiclana de la Frontera - Parque Natural Bahía de Cádiz.
Senderismo
Situación
El acceso se realiza a través de la carretera de la playa de la Barrosa a la altura de la urbanización de Las Mogarizas, antes de llegar a la Venta del Popeye.
Dificultad: Baja
Recorrido
3,1 km (trayecto circular), más 900 m del ramal que llega a las traseras de la urb. Los Gallos, desde el punto 3 al 4.
Duración:
1 hora
Descripción
Se trata de un recorrido que discurre por una zona de elevado interés ecológico y paisajístico, y un buen nivel de conservación y naturalidad, lo que le concede una importancia singular como zona para la nidificación, reposo y alimentación de numerosas aves acuáticas. A todo ello se unen los visibles testimonios de una cultura ya casi extinta: aquella originada por el cultivo de la sal al modo artesanal, que hasta fechas recientes ocupó un lugar relevante en la economía de la bahía de Cádiz, hoy sustituida, en algunos caos, por la acuicultura.
El recorrido se inicia en una pinaleta (pequeño bosquete) de pino piñonero, procedente de las diversas repoblaciones que se realizaron desde finales del siglo XIX, con el objetivo de proteger y fijar los suelos arenosos sobre los que se asienta. Una vez atravesado este pequeño pinar, en dirección oeste, llegaremos a la casa salinera de la salina de Carboneros.
Observaremos laberintos de agua: lucios, vueltas de retenida y periquillo, canales cada vez más sinuosos y menos profundos que conducen el agua, por la fuerza de la gravedad, hasta la zona de cristalización de la sal —las tajerías— en las que, por evaporación, la sal común precipita. Junto a la casa existe una explanada que en su día hizo la función de salero, en el que se almacenaba la sal obtenida en la recolección, formando grandes pirámides blancas que conformaban el paisaje tan característico de la bahía hasta hace apenas unos años.
A partir de aquí el camino continúa por la llamada vuelta de afuera, o muro que rodea la salina en contacto con el caño de alimentación y que impide la entrada del agua al interior. A nuestra derecha veremos el caño de Carboneros que se alimenta del de Sancti Petri, principal arteria de agua del parque natural, mientras a la izquierda queda el antiguo estero de la salina, depósito de grandes dimensiones que recibe y almacena las aguas procedentes del caño de alimentación y que se comunica con éste a través de las compuertas de marea, que iremos atravesando a lo largo del recorrido.
Actualmente el estero es atravesado por un muro que lo divide en dos, siendo un lugar ideal para hacer un pequeño descanso y disfrutar de las aves que lo frecuentan en busca de alimento: flamencos, cigüeñuelas, avocetas, etc. En este punto existen dos opciones, si tomamos el camino que atraviesa el estero acortaremos el recorrido, que de nuevo nos devolverá al punto de inicio, pero también podemos seguir adelante y continuar por la vuelta de afuera hasta la parte trasera de la urbanización de Los Gallos, donde volveremos por el mismo camino.
Fuente: Consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía
Municipio de Puerto Real - Parque Natural Bahía de Cádiz.
Senderismo
Situación
El acceso se realiza en la rotonda del Puente Melchor por la vía de servicio del tren, en Puerto Real, donde se ubica la salina de Molinete.
Dificultad: Baja
Recorrido
0,9 km. Trayecto Lineal
Duración:
30 minutos
Descripción
El recorrido de este pequeño sendero nos muestra uno de los paisajes más característicos de la actividad económica tradicional de la bahía de Cádiz hasta mediados del siglo veinte: las salinas, actividad bien integrada en su entorno y fundamento de las políticas actuales de gestión, en las que el aprovechamiento económico y la conservación se dan la mano. Numerosas pasarelas y zonas de descanso con bancos permiten el acceso a personas con discapacidad reducida, facilitando el acercamiento y el conocimiento al parque natural de forma universal.
Este sendero, accesible para todos los públicos, se inicia en el aparcamiento localizado junto a la portada de acceso a la salina de La Esperanza. En el primer tramo, observamos a la derecha, la salina de La Esperanza Chica y el lugar donde se cargaba la sal recolectada de los cristalizadores, llamado cargadero. A la izquierda, un pequeño pastizal con vegetación herbácea y restos de edificaciones bordean la salina, restaurada y puesta en valor recientemente para el uso público, educativo, biológico y económico.
Durante el recorrido se pueden ver elementos característicos de la actividad salinera, como el citado cargadero de sal, vueltas, esteros, compuertas tradicionales que regulan la entrada y salida de agua a la salina, y la casa salinera. Las salinas fueron explotadas tradicionalmente por diferentes civilizaciones desde la antigüedad, dados los abundantes recursos que proporcionaban. Uno de ellos, la sal, resultó imprescindible en la dieta humana y para la conservación de alimentos hasta su crisis a mediados del siglo veinte, debido en gran parte a la difusión de sistemas de refrigeración.
Estas explotaciones confieren al paisaje gran singularidad y reflejan fielmente la cultura y la economía de la bahía. Actualmente, la imagen del paisaje salinero constituido por montones de sal secándose al sol casi ha desaparecido, manteniéndose sólo en sistemas de explotaciones más industrializadas. Sin embargo, otro recurso, la acuicultura, encuentra en ellas las mejores condiciones para su actividad.
A lo largo del paseo nos encontraremos con seis puntos de descanso y un mirador, desde los cuales podremos contemplar la vegetación típica salinera y las aves acuáticas que acuden aquí para alimentarse y reproducirse: correlimos, chorlitejos, agujas, zarapitos, gaviotas, garzas, entre otras, dada la importancia ecológica de esta zona húmeda y el papel fundamental que desempeña en el descanso y reproducción de aves limícolas.
Un poco más adelante y siguiendo el camino, después del observatorio, llegaremos hasta la casa salinera rehabilitada, lugar donde finaliza este recorrido que suma al interés ecológico y paisajístico el etnográfico, motivado por el desarrollo de la actividad salinera, con su menor pero todavía viva presencia. El camino de vuelta nos permitirá siempre nuevas perspectivas y avistamientos de especies que entretendrán nuestro regreso.
Fuente: Consejería de Medioambiente de la Junta de AndalucíaEl acceso se realiza en la rotonda del Puente Melchor por la vía de servicio del tren, en Puerto Real, donde se ubica la salina de Molinete.
Municipio de San Fernando - Parque Natural Bahía de Cádiz.
Senderismo
Situación
Desde San Fernando tomar la carretera a la playa de Camposoto. Frente al cuartel hay un eucaliptal donde se inicia el sendero.
Dificultad: Baja
Recorrido
3,2 km. Trayecto Lineal
Duración:
1 hora y 10 minutos
Descripción
Aprovechando la estructura de la antigua Salina de Tres Amigos, el recorrido de este sendero permite que nos acerquemos a una de las zonas de mayor interés ornitológico del Parque Natural Bahía de Cádiz. El aprovechamiento de los recursos naturales, de gran valor etnográfico y económico, moldearon un paisaje con numerosos vestigios todavía presentes. El sendero conecta con un camino, no señalizado, que nos acerca a la casa salinera de Tres amigos, y, en la otra orilla del canal del río Arillo, al molino del mismo nombre.
El recorrido se inicia en el aparcamiento situado en la carretera de la playa de Camposoto. Desde éste, podremos continuar hacia el sur bordeando el estero de la antigua salina, hasta llegar a un observatorio en el que asomarnos a contemplar las aves acuáticas que frecuentan este ecosistema. Volviendo otra vez hacia el aparcamiento, nos dirigimos hacia la antigua salina de Tres Amigos y al río Arillo. Recorridos unos ochocientos metros, el camino gira a la izquierda, mientras a nuestra derecha observamos el laberíntico entramado de las salinas.
Mediante una serie de compuertas, el agua era dirigida a unos canales, llamados lucios y vueltas, después de haber sido retenida en grandes esteros, como el que vemos a nuestra izquierda. En este recorrido el agua se iba evaporando, hasta que en los cristalizadores precipitaba la sal, que era recogida y acumulada en grandes montones expuestos al sol, llamados saleros. El sendero se dirige hacia el sur, internándonos en la marisma [5]. Un camino, no señalizado, hacia el norte, nos acercaría a la que fue la casa salinera de Tres Amigos y, en la otra orilla, al molino mareal.
Las salinas fueron siempre refugio de crustáceos como el camarón y el cangrejo, y de alevines de otras especies, como el boquerón y la dorada. Hoy, las particulares condiciones de este medio, permiten cultivarlos (acuicultura) extensivamente.
Podremos observar la flora que, a pesar de las condiciones extremas de salinidad, está siempre presente. Atravesando las marismas, llegamos a unos observatorios que nos acercan el diverso mundo de las aves limícolas, aquellas que comen pequeños invertebrados escondidos en el fango. Sus picos serán alargados y finos, o incluso curvados, para poder llegar mejor a su alimento. Son, entre otras, cigüeñuelas, con su aspecto de cigüeña pequeña, correlimos, con su divertido correteo por la arena, avocetas y espátulas, etc. Y es que la Bahía de Cádiz es un lugar de máxima importancia para las aves, contándose hasta setenta mil de ellas en una misma invernada.
Los vistosos flamencos son habitantes habituales de esta zona, pero las comunidades con más individuos son, sin duda, las de gaviotas y limícolas. El final del sendero queda a las puertas de la playa de Torregorda, con su cinturón de dunas. Si queremos continuar disfrutando del paseo podemos seguir hasta el fondo de saco del río y seguir el muro de vuelta de fuera de la salina de San Félix, hasta llegar al molino de río Arillo.
Fuente: Consejería de Medioambiente de la Junta de Andalucía