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 • Localización:  36°10'N 5°58'O
 • Superficie:  5077km²
 • Año declaración:  1989
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El Parque Natural de la Breña y Marismas de Barbate alberga una diversidad paisajística dificil de encontrar en otros lugares. Situado en la costa atlántica de la provincia de Cádiz, en los términos municipales de Barbate y Vejer de la Frontera, cuenta con una superficie de 5.077 hectáreas. La zona terrestre representa el 77% de la superficie total del Parque Natural, mientras que los ambientes puramente marinos abarcan el 23%.

Está formado por varios ecosistemas: sistema dunar, pinar, acantilado de la Breña, la franja marítima y las marismas del río Barbate, y está designado como Zona de Especial Protección para las Aves y propuesto como lugar de interés comunitario.

La franja marítima del parque, con una extensión aproximada de 6 Km, se extiende a lo largo de la franja costera que une Barbate y Caños de Meca y se adentra una milla marina hacia el interior del Atlántico; El pinar de la Breña se inicia en el acantilado del mismo nombre y se extiende por el triángulo formado por las poblaciones de Barbate, Vejer y Caños de Meca y, por último, las marismas del río Barbate comprenden el curso bajo de este río, desde la ermita de la Virgen de la Oliva hasta su desembocadura en el Atlántico, en la costa de Barbate.

El Tómbolo de Trafalgar desde la Breña
Su acantilado Conocido localmente como el Tajo constituye uno de los hitos paisajísticos mas emblemáticos del parque natural, contando con unos 6km de longitud y un desnivel máximo próximo a los 100m, presenta numerosos elementos de interés como la vegetación modelada por el viento, una alta diversidad de especies, la gran verticalidad de las paredes, una rompiente donde se aprecia un mar muy limpio, importantes colonia de aves, contraste de ecosistemas y la precencia de la torre del Tajo.

El pinar de pino piñonero desarrolla un papel fundamental en la protección de los suelos y la fijación de las dunas sobre las que se asienta. Su aprovechamiento prienciapl es al recolección de piñas. También encontramos pinares de pino carrasco, formación predominante en el monte de las Quebradas. En el parque natural se han detectado numerosas especies de flora amenazada, de las cuales dos están en peligro de extinción y otras cuatro consideradas vulnerables.

Entre la fauna destaca la presencia del camaleón, junto a otras especies de reptiles como el lagato ocelado, la culebra bastarda, de escalera y de herradura, y la víbora hocicuda. Entre las aves rapaces cabe mencionar el ratonero común, el águila culebrera, el águila calzada, el milano real, el autillo, la lechuza y el mochuelo.

Si nos decidimos a visitar el parque, podemos buscar alojamiento en uno de los hoteles con encanto que, recientemente, se han abierto en Vejer de la Frontera y, de camino, visitar este bellísimo pueblo que aún conserva la trama urbana heredada de los árabes y un casco histórico digno de de ser visitado.

Si somos amantes de practicar actividades ligadas a la naturaleza, tenemos la posibilidad de practicar alguna de las que se nos ofrece en la zona: rutas a pié, náuticas, a caballo y en bici, buceo, rutas ornitológicas, visitas concertadas, etc.
Un paseo por el Tómbolo de Trafalgar, el Tajo y la Yerbabuena
Vejer de La Frontera - El palmar - Caños de Meca - Sendero del Acantilado - Palomar de la Breña - Barbate
Iniciamos nuestra visita saliendo de Vejer y dirigiéndonos hacia El Palmar por la carretera comarcal que une ambas poblaciones. Una vez que lleguemos a la rotonda de El Palmar, seguiremos las indicaciones que nos llevan en dirección de Caños de Meca. Antes de entrar en Caños, nos desviaremos por una pequeña carretera que nos va a llevar hasta el tómbolo de Trafalgar. Al inicio de esta carretera existen varios parkings donde podemos dejar el coche ya que la carretera está cubierta, en gran parte, por dunas móviles lo que la hace impracticable para los vehículos a motor.

La arena arrastrada por las mareas creó este tómbolo que vino a unir con la costa un antiguo islote sobre el que está situado el faro de Trafalgar y los restos de una torre almenara del S. IX. Los vientos de levante y de poniente unidos a las fuertes corrientes vienen transformando, sin descanso, el paisaje de la zona.
El Tómbolo de Trafalgar desde Zahora
Este lugar tiene algo de mágico: está muy concurrido por jóvenes que van a contemplar unas puestas de sol que son espectaculares. Con un poco de suerte y, si coincide con la estación adecuada, podemos contemplar, al atardecer, bandadas de aves migratorias que, volando en paralelo a la costa, se dirigen al punto mas adecuado para cruzar el estrecho de Gibraltar con dirección a África.

Si desde el promontorio donde se sitúa la torre dirigimos la vista hacia el atlántico, podemos observar, a unos 700 metros de la costa, un fenómeno natural muy curioso del que toma su nombre la playa que se encuentra al pié de la torre y que es conocida en la zona como La Aceitera. Con la subida y la bajada de la marea, las aguas que entran o salen del Mediterráneo lo hacen a gran velocidad obligadas por el cuello de botella en que se convierte el estrecho de Gibraltar y, en este ir y venir, provocan fuertes corrientes que al chocar con el arrecife que discurre perpendicular a la torre, provocan fuertes turbulencias que se asemejan al aceite cuando hierve.

Caños de Meca y el Tómbolo de Trafalgar
Una vez terminada nuestra visita al tómbolo de Trafalgar, proseguiremos nuestro recorrido en dirección a Caños de Meca y, una vez que lleguemos a Caños, tomaremos la carretera que une los Caños con Barbate. Cuando vayamos ascendiendo por esta carretera, no debemos olvidar echar la vista atrás y quedaremos impresionados por la maravillosas vistas que se ofrecen a nuestros ojos: Caños de Meca, el tómbolo de Trafalgar y, al fondo, el inmenso Atlántico.

Cuando hayamos recorrido, aproximadamente unos tres Km. en dirección a Barbate, dejaremos el coche en un aparcamiento que existe en la margen derecha de la carretera para tomar un sendero que nos llevará hasta la torre del Tajo y el acantilado.

Casi en el borde del acantilado, que se eleva a una altura aproximada de 100 m. sobre el nivel del mar, se encuentra la Torre del Tajo, una de las antiguas torres vigía que jalonaban la costa atlántica de Cádiz y que fueron edificadas con el fin de avisar a las poblaciones cercanas de las incursiones de los piratas berberiscos que, procedentes del Norte de África, asolaban la comarca de la Janda robando las cosechas y tomando rehenes para pedir un rescate por su liberación. El historiador local Antonio Muñoz ha localizado en Marruecos colonias formadas por descendientes de estos rehenes procedentes de Vejer de la Frontera.

La Torre del Tajo
Si desde el acantilado dirigimos la vista hacia el sur, podemos disfrutar de unas vistas verdaderamente impresionantes del Océano Atlántico y de la costa: Barbate, Zahara de los Atunes y, en los días con buena visibilidad, Tarifa y la costa del Norte de Africa.

Barbate desde el acantilado
Al pié del acantilado y frente al puerto de Barbate, los pescadores barbateños calan redes de fondo para almacenar los atunes que han capturado en la almadraba. Es un verdadero espectáculo contemplar el mar, rojo de sangre, cuando los pescadores capturan los atunes para embarcarlos en los congeladores japoneses atracados en el puerto de Barbate.

En el acantilado podemos observar el vuelo y oir el estruendo que provocan las colonias de garcillas bueyeras, grajillas, gaviotas además de halcones peregrinos y rapaces que anidan en las oquedades que se forman en la pared del acantilado.

El fuerte oleaje y la meteorología han ido erosionando la pared del acantilado desprendiendo grandes bloques de piedra arenisca que, después de caer al mar, han acabado jalonando el fondo marino que se encuentra al pié del acantilado. Éstas rocas han propiciado el nacimiento de un rico hábitat con gran profusión de algas, gorgonias, corales, moluscos y todo tipo de peces: sargos, mojaras, pargos, corvinas, meros etc. La existencia de este rico habitat viene a justificar la incorporación al parque natural de esta franja marítima que, hace unos años, ha sido repoblada de arrecifes artificiales para protegerla de la pesca ilegal.

La intensa repoblación para fijar las dunas móviles ha convertido el pinar de la Breña en el mayor pinar de Cádiz del que los lugareños aprovechan las piñas y los piñones. Junto a los pinos crecen pequeños bosques de sabinas y enebros. El sustrato del pinar está formado por especies propias del bosque mediterráneo: romero, lavanda, palmito, retama y lentisco, el resto de la vegetación del parque está compuesta por especies resistentes a la salinidad del terreno.

Piñas en el pinar de la Breña
Las aves son la principal riqueza faunística del lugar ya que el parque cuenta con comunidades de mirlos, carboneros, herrerillos, cuervos, garcetas, chorlitejos, avefrías y estorninos. Entre la fauna nos podemos encontrar el camaleón, el lagarto ocelado, distintas especies de culebras y la víbora hocicuda. El pinar es un lugar privilegiado para pasear, buscar setas e inclusive para disfrutar de un dia de campo ya que en el parque hay instalados merenderos y barbacoas donde preparar el almuerzo.

El Palomar de la Breña
Una visita que podemos realizar dentro del parque es al Palomar de la Breña, una antigua Hacienda del siglo XVIII, que posee uno de los palomares más grandes de Europa. Aparte del aprovechamiento de la carne de las palomas, se utilizaban sus excrementos, la “palomina”, para abonar las tierras. La aparición de los abonos químicos provocaron su decadencia y su abandono progresivo.

Desde la Torre del Tajo parten varios senderos: uno que termina en los Caños de Meca, otro que se adentra en el pinar y un tercero que llega hasta la playa de la Yerbabuena, junto al puerto de Barbate. Este sendero es el más interesante para nuestro recorrido. De los excursionistas, aquel que se encuentre más cansado o menos motivado para caminar, podrá volver sobre sus pasos hasta el aparcamiento, coger el coche y, continuando por la carretera hacia Barbate, esperarnos en la playa de la Yerbabuena hasta nuestra llegada.

El sendero, de 3 Km aproximadamente, que discurre por el borde del acantilado y con el pinar a la izquierda, va descendiendo, progresivamente, hasta llegar al nivel del mar, en la playa de la Yerbabuena. Durante el recorrido habremos podido disfrutar de los miradores naturales que existen sobre el mar y desde los que habremos podido contemplar, en los días claros, la costa de Marruecos.

Mirador en el sendero del Acantilado
Una vez que lleguemos a la playa de la Yerbabuena, nos podemos dirigir al puerto de Barbate y hacer una visita al Centro de Interpretación del Atún de Almadraba, donde, por medio de una exposición, dotada de maquetas y medios audiovisuales, se nos muestra como se realizaba la milenaria técnica de la pesca del atún.

Una vez concluida la visita, nos merecemos un refrigerio en cualquiera de los bares que existen en Barbate donde podremos degustar un aperitivo a base de atún preparado en múltiples modalidades.
Un paseo por las Marismas del rio Barbate
Al otro extremo del parque, a lo largo del curso bajo del río Barbate, se extienden las marismas del rio Barbate que, por su proximidad al estrecho de Gibraltar, constituyen un lugar privilegiado como área de descanso para las aves que, procedentes del centro y del norte de europa, llegan a las costas gaditanas para, cuando los vientos les sean propicios, atravesar el Estrecho de Gibraltar con dirección al continente africano.

Esta marisma sufrió la política de desecación de las zonas húmedas que se llevó a cabo en España en los años sesenta, al ser consideradas como zonas insalubres e improductivas: una serie de canales y compuertas impide que, con la subida de la marea, penetre el agua del mar e inunde la marisma de forma natural.

Marismas del rio Barbate
La ruta, que puede ser circular o bien la podemos dar por finalizada una vez que lleguemos a las proximidades de Barbate, se inicia en un sendero que comienza en la carretera A-314, a un Km. y medio de la Barca de Vejer, en dirección a Barbate cerca del Cortijo Monte Marisma (existen carteles que nos indican su inicio).

Discurre por un camino llano que es ideal para la observación de aves y de la vegetación adaptada a la salinidad así como para contemplar una gran variedad de peces y moluscos. Durante nuestro recorrido podremos tomar fotografías, entre otras especies, del ánade real, la focha común, el pato cuchara y una gran variedad de cangrejos así como del zampullín chico y la garza real o imperial.

Una vez que lleguemos a Barbate habremos caminado unos 9 Km. Ahora tenemos varias alternativas: regresar en coche o hacer la ruta completa volviendo al punto de inicio haciendo un recorrido circular que nos llevará hasta la ermita de la Virgen de la Oliva.

Debemos evitar hacer este recorrido en épocas de calor dada la ausencia de árboles y consecuentemente de sombra donde resguardarnos del sol o después de una época de lluvias ya que nos podemos encontrar que se ha inundado algunos tramos del sendero.
El Palomar de la Breña y la Ermita de San Ambrosio
Dentro de los límites del parque se encuentra el cortijo de la Porquera, construido en el S. XVIII y reconvertido en alojamiento rural. Entre las dependencias del cortijo se encuentra El Palomar de La Breña que es uno de los palomares más grandes de Europa con 7.700 nidos y 400 m² de superficie. Sus muros son gruesos y altos y presentan nidos por ambas caras. La visita al palomar es libre y gratuita.

La explotación del palomar consistía en el aprovechamiento, como alimento, de la carne de paloma y la utilización de sus deyecciones como abono para los cultivos.

Interesante resulta también la visita a la ermita de San Ambrosio, de época visigoda, que fue consagrada en el S. VII. Esta ermita es uno de los pocos ejemplos de basílica paleocristiana encontrados en el sur de la península Ibérica. Posee una sola nave que se estructura mediante cuatro arcos apuntados construidos con ladrillo. Éstos sostenían la hoy desaparecida cubierta a dos aguas con techumbre de tejas sobre vigas de madera y tablazón.

Los cuatro arcos descansan en ocho columnas adosadas a los muros, una para cada apoyo, las cuales se rematan con cimacios y nacelas, salvo las dos más cercanas al ábside, que lo hacen con capiteles, posiblemente de origen romano. Recientemente se han acometido obras de consolidación dado su estado de absoluto abandono.

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